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Gran hedor: La vez que Londres fue la ciudad más asquerosa del mundo

Londres

El “gran hedor” fue la época que azotó en 1858 a la capital de Inglaterra, pues el aroma de los excrementos humanos, penetrantes, llegaban al parlamento a través de sus puertas.

DOMINGO 26 DE FEBRERO DE 2017
14:38

La causa es que en el verano de 1858 en tremendo verano caluroso, el olor del río Támesis, mayormente apestoso por excrementos.

La referencia a las Cámaras del Parlamento es que por el olor tuvieron que posponer algunas sesiones.

La gente huyó de la ciudad entonces hacia residencias en el campo. Los legisladores tuvieron que optar por solucionar el problema y purificar Londres.

El mal olor incluso lo atribuían como causa de enfermedades y muertes de aquellos días.

The silent highwayman

La ciudad requería en aquellos cambios estructurales en materia de salud, pues se estaba convirtiendo en una gran alcantarilla con el desagüe que fluye por la capital hasta el río.

Abusaron entonces del Támesis y a ello le agregaron falta de planificación de vivienda. Las cañerías y tuberías de la ciudad estaban mugrientas y anticuadas, la mayoría picadas.

Crecieron el número y volumen de pozos negros a raíz del invento de los primeros inodoros, pues el contenido salía de los pozos.

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Los desechos eran provenientes de fábricas, mataderos y demás actividades de la ciudad.

El Támesis se hizo “líquido opaco de color marrón claro”, según el científico de la época, Michael Faraday, del Royal Institution.

Al investigar sobre la propagación del cólera en el barrio del Soho en 1854, el doctor John Snow dedujo que la causa era el agua contaminada.

Su evidencia incluía a los 70 trabajadores de cervecería local que sólo bebían cerveza, y todos habían sobrevivido.

Benjamin Disraeli, líder conservador, introdujo la legislación que iba a “purificar el Támesis y el drenaje de la metrópoli”.

Organizó así el Consejo Metropolitano de Obras, donde recaudaron 3 millones de libras y ordenaron destinarlos a las obras de saneamiento. Para ello fichan al ingeniero Joseph Bazalgette, quién ya había pasado varios años exasperando la elaboración de planes para un nuevo y ambicioso sistema de saneamiento. Planes que desgraciadamente se habían archivado hasta ese momento, narró Gizmodo.

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Con todo listo el gobierno da el visto bueno para comenzar la construcción elaborada por Bazalgette. El plan del hombre, que fue modificándose a medida que avanzaba la obra, se basaba en una extensa red de alcantarillas principales, todas paralelas al río, que interceptarían tanto aguas superficiales como residuos que irían a parar a los desagües de Barking (al norte del Támesis y Crossness) y al sur.

Construyeron estaciones de bombeo en las zonas de Chelsea, Deptford, Abbey Mills y Crossness para elevar las aguas residuales de las zonas bajas y descargarlas hacia las desembocaduras.

Con los desagües desviaron la lluvia en una red de 130 kilómetros de alcantarillado nuevo que llevaba todos los residuos al mar.

Era toda una muestra de grandeza, un proyecto enorme y simbólico que anunciaba orgulloso una nueva era, la de una ciudad de Londres sana.

Para muchos, la extraordinaria obra de Bazalgette estaba asentada a partes iguales en la sencillez y el nivel de previsión que tuvo. Hay que pensar que la infraestructura fue planeada para acomodar un crecimiento de la población de un 50% (por aquel entonces de 3 a 4 millones de personas). En los 30 años que tardó en finalizarse la obra, la población de la ciudad se había duplicado de nuevo hasta los 6 millones.

"Eso dice mucho de la calidad del diseño y la construcción que, con mejoras y adiciones en el tiempo, siguió siendo la columna vertebral del sistema de alcantarillado hasta la actualidad", concluyó el reportaje de Gizmodo.

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