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Domingo de Ramos | Por Mons. Martín Dávila Gándara

ENTRADA TRIUNFAL DE JESÚS EN JERUSALÉN

“Miren hijos de Sion: He aquí a tu Rey que viene lleno de mansedumbre”

Todo es misterioso en la vida del Salvador; pero todo sucede en ella conforme a los decretos de la Sabiduría eterna, y todo es para nosotros un fecundo objeto de instrucción.

Esta entrada triunfal de Jesús en Jerusalén nos muestra, por una parte, la majestad y la bondad del Salvador, y por otra los sentimientos de los judíos. Aprendamos de ello cómo debemos nosotros recibir a Jesús, en nuestras almas.

14 Abril 2019
08 30

¿POR QUÉ QUISO ENTRAR DE MODO TAN SOLEMNE EN JERUSALÉN?

1.- Para hacer reconocer su realeza y su misión divina y para mostrar que es el verdadero Hijo de David, el Mesías prometido y anunciado por los profetas.

2.- Para dar a Jerusalén y a todo el pueblo judío un supremo testimonio de su misericordia y su amor, viniendo a ellos como Rey pacifco, manso y humilde.

3.- Para mostrar con que alegría y con qué amor se iba ofrecer a la muerte, a fn de rescatar a los hombres.

4.- Para probar, que va morir, solo a su hora, según su voluntad y conforme a los decretos divinos.

5.- Para preparar a sus discípulos y a la muchedumbre a su Pasión, previniéndolos contra el escándalo de sus sufrimientos y de su muerte.

“He aquí el Rey que viene lleno de mansedumbre” bendiciendo, orando y también llorando sobre la ingrata Jerusalén.

¿CUÁLES ERAN LOS SENTIMIENTOS DE LOS JUDÍOS?

1.- En primer lugar, había la muchedumbre de gentes sencillas y pobres, tanto de la ciudad como de diversas partes de Judea y Galilea: Todos gritaban ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito sea el que viene en el nombre del Señor; ¡Hosanna en lo más alto de los cielos! Pero ese grito de fe, en cinco días se cambiará en odio a Jesús. Muchos se esconderán y sus discípulos huirán. Siendo esto un misterio de la fragilidad humana.

2.- En la misma ciudad había una multitud de indiferentes, simples curiosos, que se preguntarían: ¿Por qué ese triunfo? ¿Por qué ese homenaje? Y sin embargo conocían bien a Jesús después de todos sus milagros.

Estas gentes, sin duda eran la gente practica, según el mundo, preocupados únicamente por sus negocios y de sus cosas de aquí abajo, o bien políticos que temían comprometerse ante los príncipes de la nación. ¡Que misterio de ingratitud, de egoísmo, de negligencia y de cobardía!

3.- Finalmente, había los príncipes de los sacerdotes, los ancianos, los fariseos orgullosos, devorados todos por la envidia y el odio contra el Salvador, y que habían jurado su muerte.

Este triunfo de Jesús acababa de molestarlos, y decían: “¿Ven como no adelantamos nada? He aquí que todo mundo se va en pos de Él” (Jn., XII, 19). Caifás tiene razón, es preciso que a toda costa desaparezca este perturbador del pueblo: ¡Oh misterio de malicia, de injusticia, de endurecimiento, que arranco lágrimas al corazón misericordioso del Salvador!

LOS CRISTIANOS DE HOY

Hoy mismo, con ocasión de las Pascuas, después de casi dos milenios, los ministros del Señor nos recuerdan la entrada triunfal de Jesús, y nos dicen a cada uno de nosotros: “Mira que viene tu Rey, lleno de mansedumbre”. Prepárense, a recibirle bien, porque es nuestro Dios, nuestro Soberano, nuestro Padre, lleno de ternura y de amor; “Él nos invita! ¡No lo desprecien, no lo rehúyan!

Este episodio de Jerusalén es siempre antiguo y siempre nuevo.

1.- Existen ¿ Quién lo creería? Enemigos encarnizados que han renegado de Jesús y hacen a Él y a su Iglesia una guerra incesante, ya sea abierta, ya secreta: Guerra a Jesús, van diciendo, porque les molesta, y es contrario a su modo de vivir, y les echa en cara las violaciones a su ley, y les desacredita, divulgando sus depravadas conductas. No pueden sufrir su vista. Por eso, le condenan a la más infame muerte.

¡Hay, pues, perseguidores blasfemos y sacrílegos; hay nuevos Caifás y los nuevos Judas! Y no quieren que se hable más de Jesús y de su Iglesia. Trabajan para el demonio, para el triunfo de Satanás y de las Pasiones, a las cuales divinizan.

2.- También hoy se encuentran, y en grandísimo número, los cobardes e indiferentes, que conocen a Jesús, pero hacen como si no lo conocieran, desprecian o descuidan sus preceptos y sus sacramentos.

Estos, no quieren comprometerse ante la opinión pública; por esto se niegan a defenderlo, a honrarlo y a recibirlo. ¡Qué lejos están de Zaqueo y del valor de la Verónica! ¡Cuánta pena causa al Corazón de Jesús esta ingratitud, esta negligencia culpable y esta cobardía!

3.- Son en gran número los cristianos que oyen, es verdad, el llamamiento de Dios y de su Iglesia, y vienen a confesarse y a cumplir con la Pascua. Pero, ¿con qué disposición se acercan a los Sacramentos? ¿Están verdaderamente resueltos a cambiar de vida? Hoy acuden a la Comunión y a cantar: ¡Hosanna! Y gritarán mañana: ¡Crucifícale! ¡Cómo hacen llorar a Jesús por su inconstancia y su culpable faqueza!

Por último, si ¿queremos recibir a Jesús? Para ello, debemos excitar en nosotros los más vivos sentimientos de fe, de gratitud y de amor. Y para recibirlo y conservarlo bien, debemos seguir el consejo de S. Pablo a los Col., III, 9: “despojémonos del hombre viejo”, para ello, domemos nuestras pasiones, ofrezcamos a Jesús las palmas de nuestra buenas obras. Permanezcamos feles; ya que nuestra fdelidad será ciertamente coronada en el cielo.

Gran parte de este escrito fue tomado del libro: “Archivo Homilético” de J. Thiriet – P. Pezzali. Sinceramente en Cristo

Mons. Martín Dávila Gándara Obispo en Misiones

Sus Comentarios a obmdavila@yahoo.com.mx

 

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