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Viernes 31 de Octubre del 2014
Antonio López de Santa Anna

Antonio López de Santa Anna

Nació en Jalapa, Veracruz, el 21 de febrero de 1794. Fue realista y después trigarante junto con Agustín de Iturbide; republicano con federalista y centralista y "Alteza Serenísima".

Antonio López de Santa Anna
Por: RedacciónDOMINGO 26 DE AGOSTO 2012
Durante muchos años estuvo en el centro de todas las intrigas, levantamientos y conjuras que fueron el pan de cada día en la difícil supervivencia de la República. Presidente de México y héroe en hechos de armas; odiado por el resultado de la guerra contra Estados Unidos y, finalmente, exiliado. Regresó al país en 1874 y murió el 20 de junio de 1876.

Nació en Jalapa, Veracruz, el 21 de febrero de 1794. De ascendencia española, Antonio López de Santa Anna tuvo una infancia pródiga y tranquila, pero su natural ímpetu lo llevó a ingresar a los 16 años al ejército realista para combatir a las tropas insurgentes. En 1821, luego de romper el sitio de Orizaba, fue condecorado por el virrey y ascendido a teniente coronel. Pronto fue nombrado comandante de la plaza de Veracruz, pero casi de inmediato se adhirió al Plan de Iguala, proclamado por Agustín de Iturbide y por el cual se pretendía la independencia absoluta de España.

Apenas firmados los Tratados de Córdoba, en los que México se declara independiente, empezó la polarización de políticos y militares mexicanos. Pese a que Iturbide fuera su mejor ejemplo en la forma de hacerse del poder, Santa Anna lo desconoció y se pronunció por la república en el Plan de Veracruz. En 1827 Santa Anna aprovechó el levantamiento de Nicolás Bravo para ascender políticamente; le bastó mostrar lealtad al gobierno ?ante la disyuntiva que se le presentaba por la participación de sus hermanos al lado de los rebeldes? para que la legislatura lo nombrara vicegobernador de Veracruz. Pero su gran salto a la política lo dio en 1829 al derrotar a las tropas comandadas por el general Isidro Barradas en la campaña de reconquista española. Por tal suceso varios estados lo nombraron Benemérito.

En la cima de su fama, Santa Anna sacó beneficio del descontento que había en diferentes sectores políticos del país con la administración de Anastasio Bustamante para levantarse, a principios de 1832, en contra de éste y exigir su destitución. En cosa de meses, autoridades de varios estados del país lo secundaron y obligaron al gobierno nacional a firmar en diciembre los Convenios de Zavaleta, y por los cuales Santa Anna llegaría en marzo del siguiente año a la presidencia de México.

Reticente al trabajo de gabinete, el presidente estaba en dos semanas camino de su hacienda Manga de Clavo en Veracruz, habiendo dejado el gobierno en manos del vicepresidente Valentín Gómez Farías. Sin embargo, las reformas liberales ?sobre la abolición de fueros y la separación de Iglesia y Estado? que Gómez Farías había emprendido, lo obligaron a volver para vetarlas y empujar la salida del vicepresidente. En los siguientes meses Santa Anna retomó el gobierno con un gabinete formado por federalistas moderados, pero ante la determinación del movimiento centralista renunció al ejecutivo y regresó, a principios de 1835, a Manga de Clavo.

Predispuesto siempre a los actos heroicos, Santa Anna saltó nuevamente a escena para enfrentar la pretensión autonomista de los colonos extranjeros de Texas. Obtuvo una rápida victoria en la toma de la fortaleza del Álamo, pero bastaron sólo 20 minutos para que cayera vencido por las tropas de Samuel Houston al tomarlo por sorpresa en San Jacinto. Para salvar su vida Santa Anna firmó los Tratados de Velasco (1836) en los que México reconocía la independencia de Texas. La ocasión para recuperar su prestigio se presentó en 1838 en la llamada “Guerra de los pasteles”, propiciada por intereses de súbditos franceses en México, durante la cual perdió una pierna.

Aclamado por el pueblo y los conservadores, Santa Anna volvió a la presidencia en 1839, en un interinato de seis meses, y luego en 1841, en el que surge como dictador al imponer impuestos excéntricos y disolver el Congreso. Tres años después fue derrocado por el general Mariano Paredes y expulsado a Cuba, con su prestigio nuevamente vapuleado. No obstante, en 1846 volvió a ser llamado por el gobierno para dirigir la defensa del país en contra del ejército invasor norteamericano. A punto estuvo Santa Anna de obtener la victoria en la Angostura, pero a falta de víveres y agua el ejército mexicano se retiró del campo de batalla. En adelante, nada evitó que el ejército de Estados Unidos tomara el control del territorio nacional. Santa Anna, por su parte, regresó a su exilio.

Llamado otra vez del extranjero, Antonio López de Santa Ana vivió su último sueño como el “imprescindible” presidente de México entre 1853 y 1855. Investido de plenos poderes, el seductor de la patria se hizo llamar “Alteza serenísima”, pero el Plan de Ayutla, encabezado por el general Juan Álvarez, lo obligó a renunciar en forma definitiva a la presidencia y marchó otra vez al exilio. Se le permitió regresar al país en 1874 y murió en la pobreza el 20 de junio de 1876 en la Ciudad de México.

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